Elizabeth Peredo
Fundación Solon
Bolivia es sin duda alguna una nación multicultural y plurinacional. Sin embargo, no siempre ha sido reconocida como tal y ha heredado -como la mayoría de los paises de America-, los vicios y las estructuras de dominación colonial donde los grupos de poder, las castas y ahora los nuevos representantes de los imperios modernos, hacen uso de todos aquellos recursos e ideologías dejadas en siglos de dominación colonial. Hay quienes afirman incluso que el racismo nació como ideología en 1492 al iniciarse la expansión de occidente en el mundo. Lo peor de todo es que estos recursos y formas de dominación se han internalizado, se han hecho funcionales al capitalismo moderno y se han institucionalizado varias prácticas constituyéndose en la base de las reestructuraciones racistas del poder, no sólo en Bolivia.
Xavier Albó nos recuerda que en el Censo del año 1900 en Bolivia, sus editores profetizaron que la “raza indígena” desaparecería con el “progreso de la sociedad” y con el tiempo y durante décadas en Bolivia se habló de los indígenas como si se tratara de minorias y el propio Estado reflejaba una práctica de discriminación institucionalizada, en la que se negaba su identidad, diversidad y nacionalidades indígenas promoviendo a veces discursos civilizatorios, autoritarios e incluso populistas denominándolos simplemente “campesinos”, como se hizo durante el MNR y en adelante. Probablemente esta fue una de las razones por las que el nuevo gobierno anuló desde un principio el antiguo Ministerio de Asuntos Campesinos para enfocar los derechos de los pueblos indígenas de manera transversal.
El Censo de 2001 estableció que Bolivia cuenta con un 65% de población indígena y sin embargo la discriminación por razones étnicas ha sido práctica cotidiana durante todo el Siglo XX. Hace apenas unas dos décadas las mujeres indígenas y de pollera, por ejemplo, eran prohibidas de entrar con sus propias vestimentas a algunos edificios públicos y privados. Millones de indígenas en las poblaciones rurales han vivido por siglos marginados de la atención estatal como son el acceso a la salud, la educación y los servicios básicos. Y como muestra de la profunda injusticia heredada del colonialismo, hay evidendia de que aún persisten sistemas de servidumbre y patronazgo en el Chaco boliviano como dan cuenta los innumerables conflictos que ha enfrentado el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) en el proceso de saneamiento de tierras en Alto Parapetí y como lo testimonia Doña Justa Cabrera, Presidenta de la Confederacion de Mujeres Indigenas de Bolivia en este evento.
Por lo tanto, estamos asistiendo a un proceso histórico de una relevancia muy grande para Bolivia y para el mundo.
Las cosas empezaron a cambiar desde hace algunos años en un proceso combinado de resistencia al capitalismo neoliberal y dominio de las transnacionales y la lucha por la descolonización contra la discriminación hacia los pueblos indígenas. Por primera vez en la historia se ha elegido a un Presidente Indígena, Evo Morales, con más del 54% de respaldo electoral, no sólo con voto indigena sino también con voto de las clases medias y trabajadoras; y se propone un cambio social que busca saldar estas deudas históricas y recuperar los principios de la complementariedad, la solidaridad y la justicia social cultivadas en las culturas diversas. Incluso ahora en la nueva reestructuración del Poder Ejecutivo tenemos un Viceministerio de Descolonización y una Unidad de lucha contra el Racismo.
Por su parte la nueva Constitución reconoce al menos 36 nacionalidades indígenas con sus idiomas, culturas y territorios, poniendo en práctica principios de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada por Naciones Unidas en septiembre del año pasado. Más aun, es la primera constitución en el mundo que incorpora esta declaración como parte de su normativa constitucional, así como los acuerdos del Estado boliviano en la lucha contra la violencia hacia las mujeres sintetizados en el Protocolo de la CEDAW de derechos de las mujeres. De hecho otra iniciativa de las naciones del mundo para combatir una forma de discriminación conectada al racismo. Y, al igual que la nueva Constitucion ecuatoriana, recoge entre sus principios y valores como Estado plurinacional aquellos heredados de nuestros ancestros en el primer artículo.
¿Por qué un país que votó mayoritariamente por un liderazgo indígena que refleja una voluntad de cambio profunda, que busca saldar las deudas historias y profundizar la justicia en el acceso a la tierra, fortalecer sistemas de redistribución social, llegar a los más pobres, vive ahora episodios de profunda violencia racializada en el campo político?
¿Por qué esta polarización ha dado lugar a hechos tan vergonzosos como el asedio racista a la Asamblea Constituyente, la humillación pública de indígenas de Mojocoya en la Plaza Principal de Chuquisaca - Sucre, las agresiones a collas e indígenas en la ciudad de Santa Cruz, las agresiones al Viceministerio de Tierras en el proceso de saneamiento de tierras en Alto Parapetí, la abominable Masacre de Pando donde se asesinó a sangre fría a 18 indígenas en septiembre del año pasado?
¿Por qué se articula un peligroso proceso de ideologización racista del conflicto social, identificando lo indígena, lo diverso y lo progresista como los “enemigos” de la nación?
La reacción de la comunidad internacional, como UNASUR y el Alto Comisionado de DDHH de la ONU, ha sido importante, prestando una enorme atención a la situación boliviana y emitiendo informes contundentes sobre la Masacre de Pando y la necesidad de sancionar a los culpables.
Algunos, sobre todo mediante los medios, suelen decir que Evo Morales es el promotor del racismo en nuestro país, porque desde su llegada al gobierno el racismo se ha incrementado.
Un informe del Southern Poverty Law Center en EEUU indica que desde que se instaló en el gobierno Barack Obama en EEUU, el racismo y las agresiones por motivos raciales, intolerancia y xenofobia se han incrementado en el país en un 40% y que los grupos racistas y fascistas han llegado a un numero de 880 con episodios tan lamentables como otra masacre efectuada hace poco en Nueva York en un centro de migrantes donde 13 personas fueron acribilladas en un “arrebato” racista en contra de la migración. O el asesinato de José Sucuzhañay, ciudadano ecuatoriano en Brooklin en diciembre de 2008, claramente efectuado por motivos racistas y xenófobos.
El genocidio y las masacres racistas, los serios conflictos racistas no aparecen espontáneamente de un día a otro en una sociedad, lamentablemente se van cultivando en el tiempo, a veces toma años y decadas, a veces siglos, y mientras no se los combata allí donde nacen será más difícil controlarlos en sus expresiones mas violentas.
El racismo no es unilateral, se fortalece cuando no hay mecanismos para quienes son discriminados, se defiendan y se sientan capaces de ejercer sus derechos sin importar su color de piel o su origen. Quién discrimina y quién es discriminado estan atrapados por “esa enfermedad” y la discriminación queda en lo profundo de nuestras mentes y de nuestras prácticas cotidianas como personas, como comunidades y como países.
El racismo, ideología del poder de nuestros tiempos, herencia de la expansión de occidente y uno de los soportes del capitalismo basado en la esclavitud del trabajo, se ha convertido en una de las armas mas poderosas del sistema neoliberal y una forma de discriminación totalmente funcional al capitalismo moderno y sus reglas, sus mecanismos de reproducción y su manera de explotar el mundo y sus riquezas.
No es casual, para dar otro ejemplo, la criminalización a los migrantes y la discriminación de la que son objeto no solo por parte de grupos extremos xenófobos y racistas, sino tambien institucionamente mediante leyes y controles como la Directiva Retorno de la Unión Europea o las politicas migratorias de norteamérica. Tampoco es casual, que sea precisamente en terriotorios indígenas donde se contamina sin ningún control ni castigo por sus consecuencias, o donde se depositan desechos tóxicos, hay más de un ejemplo en el mundo.
Por ello es tan importante que en esta lucha contra el racismo, la discriminacion y otras formas conexas, se cuestione el sistema neoliberal y se busque una transformación real que vaya a las bases de la discriminación. El papel del Estado y de cada una de las personas de la sociedad es fundamental en combatir el racismo y la discriminación, es una lucha que exige un compromiso a todos los niveles pero sin perder de vista que es la codicia, el afán de poder y dominio lo que ha dado formas al racismo y a la discriminación.
Vectores del racismo estructural
Quiero comentar, finalmente, algunos de los vectores que hemos advertido para combatir ese racismo de todos los días, aquel que no queremos ver ni reconocer (pues nadie quiere reconocerse racista, discriminador o intolerante) pero que suele ser parte de vida cotidiana.
El género y el trabajo
Durante varios años di seguimiento a la lucha de las trabajadoras del hogar y fui coordinadora del Comité Impulsor de los derechos de este sector en Bolivia durante el proceso de aprobación de una ley que les costó muchos años hacer aprobar.
Ellas son la tercera fuerza laboral femenina en el país, en su vida laboral y personal experimentan discriminación sobre todo en sus derechos laborales. Están en un rango entre 9 y 81 años, trabajan más de 8 horas al día, no tienen derecho a descanso, privacidad, son más vulnerables al acoso sexual y a presiones de aculturación. Muchas mujeres realizan este trabajo en el contexto del trabajo esclavo por deudas, sobre todo en el Chaco boliviano.
Su lucha data de casi un siglo, las primeras lucharon en las ciudades y entre 1936-1952 demandaron la libre expresión de ideas, libertad de prensa, que el arte culinario sea reconocido como profesión, Jornada de 8 horas, descanso dominical, que no las llamen sirvientas sino trabajadoras del arte culinario. Ubicándose en la vanguardia mundial de reivindicaciones de las mujeres desde este país andino.
La Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (FENATRAHOB), organizada en los años 80, ha luchado para una ley mínima que las iguale a los otros sectores laborales pero han tardado más de 10 años en aprobarla. Durante la campaña hicimos un sondeo de actitudes sobre la simpatía a la ley por parte de las mujeres empleadoras y vimos que la mayoría (80%) estaba de acuerdo con una ley en general, pero a medida que se detallaba su contenido el apoyo bajaba, por ejemplo para incluir 8 horas de jornada laboral el apoyo bajó a un 60% y así sucesivamente, el derecho más resistido por los empleadores era el derecho a la organización (sólo un 16% de acuerdo con apoyar la ley incluyendo este derecho). Otro dato interesante es que algunas mujeres que habían logrado llegar al parlamento por las leyes de cuotas a favor de las mujeres no apoyaron esta propuesta y hasta la combatieron en lugar de buscar avanzar.
Entonces concluimos que la discriminación racial nunca viene sola siempre esta acompañada por las diferencias y discriminación de clase y tiene en los espacios laborales un terreno en el que se expresa de maneras insospechadas.
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