En una conferencia dictada el pasado 8 de enero en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, el presidente de la Cámara de Diputados de Italia Fausto Bertinotti y  el Embajador para Integración y Comercio del gobierno boliviano, Pablo Solón, coincidieron en que la única salida posible a la crisis del modelo neoliberal es que los procesos de integración respeten las distintas visiones de desarrollo, que no estén dominadas por el mercado y no reproduzcan la colonización.

 

El modelo neoliberal y de “desarrollo” en crisis

 

En criterio de Bertinotti, el siglo XX se caracterizó por la pérdida de las conquistas alcanzadas por las luchas sociales, lideradas especialmente por el movimiento obrero, a causa del modelo neoliberal instalado en los Estados; que acabando con la soberanía nacional creó nuevos escenarios de decisión a-democráticos, con poderes supranacionales dónde lo importante son los flujos de capital a nivel mundial que sólo buscan ganancias, precarizan el sistema de derechos universales, liberalizan y privatizan los bienes comunes de la sociedad como los servicios, la salud, el agua, las semillas y la cultura..

 

Por otra parte, según el diplomático boliviano, el modelo neoliberal basado en la competencia y el consumismo está deteriorando el planeta. Decir que el paradigma del desarrollo europeo-norteamericano es suicida ha dejado de ser un discurso; es una realidad. Mientras en la primera semana de enero murieron de hambre 19.026 personas en el mundo en el mismo período se gastaron 719 millones de dólares en programas de dieta solo en Estados Unidos. En la Conferencia de Bali se advirtió que la civilización occidental tiene 15 años para corregir su conducta si quiere evitar una catástrofe. Por eso es esencial que los procesos de integración tomen en cuenta esta evidencia.

 

La Guerra vs. la política participativa

 

Al contrario de lo prometido, en vez de la disolución de los conflictos y el crecimiento económico, el modelo neoliberal y la globalización producen crisis, profundizan las desigualdades mundiales, la concentración de la riqueza y estimulan la violencia organizada.

 

La solución aplicada a esta crisis es la guerra preventiva que produce nuevas y más profundas inestabilidades: el endurecimiento de la guerra. Un ejemplo de ello es la guerra imperial de la administración Bush, una guerra infinita y permanente, disfrazada de valores de la tradición premoderna (Dios, patria y familia), podría conducirnos a la guerra de civilizaciones.

 

Siguiendo a Bertinotti, en América Latina se observa el renacimiento de la política, dónde la participación activa es el elemento decisivo. Los movimientos sociales anticolonialistas de América Latina, en su mayoría indígenas, son la esperanza y el referente para la izquierda mundial por la fuerza que imprimen a su proceso de liberación del mercado, el verdadero rector y gobierno de la mundialización económica que ha suplantando a la política y a las instituciones.

 

El mundo requiere una política constituyente que afirme valores de cohesión social, de participación directa, que reconozca la naturaleza, las relaciones humanas y sociales como marco necesario para la organización de la economía.

 

El desafío será transformar esta crisis con nuevos modelos sociales, transitando de la democracia representativa a una con mayor participación activa, que reconozca las nuevas formas de organización social, indígena, cultural, territorial y social. Estas experiencias deben ser temas de diálogo y cooperación de las civilizaciones a ambos lados del mar. La integración con la participación de los movimientos y organizaciones sociales puede “sacarnos la venda de los ojos”, en opinión de Bertinotti.

 

La necesidad de una integración para los pueblos

 

Según Solón, la integración servirá dependiendo del proceso que siga; no solucionará nada si es para el mercado, como lo fue el ALCA.

 

Según varios activistas, la Unión Europea, un “ejemplo” de integración a nivel internacional, es fuerte en la economía pero está lejos de los ciudadanos, está desmantelando el estado del bienestar y su sistema histórico de derechos y garantías. La Constitución Europea constitucionaliza la primacía del mercado y deja la paz y los derechos de la gente al margen de la identidad europea, aspectos por los que se puede afirmar que cuando se la puso a consideración de la ciudadanía, fracasó en Francia y Holanda, afirmó Bertinotti.

 

Solón asegura que este debate se está instalando en los procesos de integración regionales. La Comunidad Andina se ha transformado en los últimos dos años y en la actualidad admite diferentes enfoques económicos; la corriente liberal ya no es dominante. Al interior del bloque se reconocen dos visiones sobre el desarrollo económico, una neoliberal y otra proteccionista. Rige el principio de respeto mutuo sin imponer modelos a otros y se coexiste para evitar la ruptura de la integración.

 

A nivel regional, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) está construyendo su Poder Ejecutivo y Legislativo, elabora un programa de cooperación de Tribunales de Justicia y un mecanismo de participación social. Se han formado cinco grupos de trabajo que abordan temas centrales como la energía, la infraestructura, financiamiento, políticas sociales y la educación. También se plantea el desarrollo industrial, pero respetando la naturaleza, cambiando el enfoque de la construcción de infraestructura para que sirvan para integrar a los pueblos. Con el Banco del Sur se alcanza la independencia regional del Banco Mundial y el FMI, algo impensable hace 10 años.

 

De la misma forma, en la negociación del Acuerdo de Asociación CAN-UE, Bolivia ha pedido oficialmente a Europa que incluya una cláusula para la protección de los emigrantes; que se creen fondos estructurales para compensar las asimetrías y que se le reconozca el derecho de proteger a sus industrias nacientes en lo que se refiere al comercio.

 

La integración regional es una necesidad histórica frente a la crisis del Estado neoliberal, es urgente reinstalar la importancia de la nación, la soberanía y la aplicación de políticas sociales que reviertan todas las medidas estructurales aplicadas durante las ultimas décadas.