En una conferencia dictada el pasado 8 de enero en
El modelo neoliberal y de “desarrollo” en crisis
En criterio de Bertinotti, el siglo XX se caracterizó por la pérdida de las conquistas alcanzadas por las luchas sociales, lideradas especialmente por el movimiento obrero, a causa del modelo neoliberal instalado en los Estados; que acabando con la soberanía nacional creó nuevos escenarios de decisión a-democráticos, con poderes supranacionales dónde lo importante son los flujos de capital a nivel mundial que sólo buscan ganancias, precarizan el sistema de derechos universales, liberalizan y privatizan los bienes comunes de la sociedad como los servicios, la salud, el agua, las semillas y la cultura..
Por otra parte, según el diplomático boliviano, el modelo neoliberal basado en la competencia y el consumismo está deteriorando el planeta. Decir que el paradigma del desarrollo europeo-norteamericano es suicida ha dejado de ser un discurso; es una realidad. Mientras en la primera semana de enero murieron de hambre 19.026 personas en el mundo en el mismo período se gastaron 719 millones de dólares en programas de dieta solo en Estados Unidos. En
La Guerra vs. la política participativa
Al contrario de lo prometido, en vez de la disolución de los conflictos y el crecimiento económico, el modelo neoliberal y la globalización producen crisis, profundizan las desigualdades mundiales, la concentración de la riqueza y estimulan la violencia organizada.
La solución aplicada a esta crisis es la guerra preventiva que produce nuevas y más profundas inestabilidades: el endurecimiento de la guerra. Un ejemplo de ello es la guerra imperial de la administración Bush, una guerra infinita y permanente, disfrazada de valores de la tradición premoderna (Dios, patria y familia), podría conducirnos a la guerra de civilizaciones.
Siguiendo a Bertinotti, en América Latina se observa el renacimiento de la política, dónde la participación activa es el elemento decisivo. Los movimientos sociales anticolonialistas de América Latina, en su mayoría indígenas, son la esperanza y el referente para la izquierda mundial por la fuerza que imprimen a su proceso de liberación del mercado, el verdadero rector y gobierno de la mundialización económica que ha suplantando a la política y a las instituciones.
El mundo requiere una política constituyente que afirme valores de cohesión social, de participación directa, que reconozca la naturaleza, las relaciones humanas y sociales como marco necesario para la organización de la economía.
El desafío será transformar esta crisis con nuevos modelos sociales, transitando de la democracia representativa a una con mayor participación activa, que reconozca las nuevas formas de organización social, indígena, cultural, territorial y social. Estas experiencias deben ser temas de diálogo y cooperación de las civilizaciones a ambos lados del mar. La integración con la participación de los movimientos y organizaciones sociales puede “sacarnos la venda de los ojos”, en opinión de Bertinotti.
La necesidad de una integración para los pueblos
Según Solón, la integración servirá dependiendo del proceso que siga; no solucionará nada si es para el mercado, como lo fue el ALCA.
Según varios activistas,
Solón asegura que este debate se está instalando en los procesos de integración regionales.
A nivel regional,
De la misma forma, en la negociación del Acuerdo de Asociación CAN-UE, Bolivia ha pedido oficialmente a Europa que incluya una cláusula para la protección de los emigrantes; que se creen fondos estructurales para compensar las asimetrías y que se le reconozca el derecho de proteger a sus industrias nacientes en lo que se refiere al comercio.
La integración regional es una necesidad histórica frente a la crisis del Estado neoliberal, es urgente reinstalar la importancia de la nación, la soberanía y la aplicación de políticas sociales que reviertan todas las medidas estructurales aplicadas durante las ultimas décadas.






