José Santamarta Flórez (ecoportal.net).- La construcción de grandes embalses sumerge tierras cultivables y desplaza a los habitantes de las zonas anegadas, altera el territorio, reduce la diversidad biológica, dificulta la emigración de los peces, la navegación fluvial y el transporte de elementos nutritivos aguas abajo, disminuye el caudal de los ríos, modifica el nivel de las capas freáticas, la composición del agua embalsada y el microclima.
Miles de valles y de hábitats han sido destruidos por los grandes embalses, desplazando a millones de personas.
La construcción de grandes embalses sumerge tierras cultivables y desplaza a los habitantes de las zonas anegadas, altera el territorio, reduce la diversidad biológica, dificulta la emigración de los peces, la navegación fluvial y el transporte de elementos nutritivos aguas abajo, disminuye el caudal de los ríos, modifica el nivel de las capas freáticas, la composición del agua embalsada y el microclima.
Cuanto mayor es el embalse, más grande es el desastre, aunque a veces se tarda algún tiempo en reconocerlo, como Akosombo en Ghana, Assuan en Egipto o Balbina en Brasil.
El aprovechamiento de la energía de los ríos tiene al menos dos mil años de historia. Las ruedas hidráulicas y los molinos de agua proporcionaron durante siglos energía mecánica para la molienda del trigo y la malta, el lavado de la lana y el movimiento de los fuelles de los altos hornos.
Desde finales del siglo XIX, la energía hidráulica se ha venido empleando para la producción de electricidad. Entre 1950 y 1986 se construyeron 31.059 presas de más de
El potencial eléctrico de origen hidráulico aún sin aprovechar es enorme, ya que apenas se utiliza el 17% a escala mundial, cifra que se reduce al 8% en el Tercer Mundo. España en teoría podría duplicar su producción, con un coste social y ambiental enorme.
Los grandes proyectos, como Three Gorges (Tres Gargantas) en China, James Bay en Canadá, Bui en Ghana, Tehri y Narmada en India, o el Plan 2010 en Brasil, de llevarse a término tendrían grandes impactos sociales, ecológicos y económicos. Los casos de Akosombo en Ghana, Assuan en Egipto o Balbina en Brasil, son claros ejemplos de desastres ecológicos.
El impacto de la demanda de electricidad y de agua para regadíos, industrias y ciudades sobre el medio ambiente, en gran parte puede ser evitado con una política de decidido aumento de la eficiencia energética y del uso del agua, de supresión de las subvenciones o las tarifas artificialmente bajas.
Un negocio ruinoso
Los países del Tercer Mundo sólo han utilizado el 8 por ciento de su potencial hidráulico, si bien tal cifra va a crecer rápidamente, provocando enormes daños ambientales. Los embalses se construyen casi siempre para generar electricidad, aunque también para regular el curso de los ríos, evitando inundaciones, o para regadíos y abastecimiento urbano.
Los grandes embalses no siempre son un buen negocio, más bien al contrario. En 1966 fue inaugurada la hidroeléctrica de Akosombo, en el río Volta, en Ghana, financiada por el Banco Mundial, y que para el por entonces presidente Kwame Nkrumah iba a ser la auténtica panacea para uno de los primeros países africanos en declararse independientes. Según Nkrumah el embalse iba a permitir irrigar grandes superficies y sobre todo serviría para industrializar el país, proporcionando la electricidad necesaria para explotar las reservas de bauxita y crear una amplia industria transformadora.
Akosombo inundó
Ghana tiene en proyecto una nueva hidroeléctrica, la de Bui, igualmente para proporcionar electricidad a bajo precio a las factorías de aluminio, la típica industria intensiva en energía y contaminante, que apenas crea empleo y valor añadido. Casos parecidos a los de Akosombo son Guri en Venezuela, Tucuruí en Brasil, Krasnoyarsk, Sayano-Shushensk, Ust-Ilim y Bratsk en Siberia o James Bay en Canadá. La producción mundial de aluminio, que en 1959 era de 4 millones de toneladas, en 1991 fue de 18,7 millones; los mayores productores son EE.UU (4,1 millones de toneladas), la ex-URSS (2,3), Canadá (1,8), Australia (1,2) y Brasil (1,1).
Cabora Bassa en Mozambique, Manantali en Mali y Kariba y Kafue en Zambia, son ejemplos de esperanzas frustradas, con grandes costes económicos, sociales y ambientales.
En 1970 se inauguró la presa de Assuan en Egipto, otra de las panaceas frustradas. El muro de la presa retiene desde entonces 120 millones de toneladas de sedimentos que anteriormente fertilizaban el valle del Nilo, y en el gigantesco embalse anualmente se evaporan
El sueño de Mao
La política hidráulica del socialismo real se ha guiado por los mismos axiomas del capitalismo desarrollista, y el resultado es similar, cuando no supera los desastres ambientales. El embalse de Sanmenxia, en el río Amarillo, inaugurado en 1960, desplazó de sus tierras a 300.000 personas, con el fin, al menos en el proyecto inicial, de producir electricidad, evitar inundaciones catastróficas y crear nuevos regadíos.
La realidad en Sanmenxia fue muy distinta a la planificada. En apenas cinco años los sedimentos colmataron el embalse, y sólo tras costosas obras pudo ser de nuevo puesto en marcha, aunque con una capacidad que no llega a un tercio de la inicial.
El gran sueño de Mao era construir la que sería la mayor central hidroeléctrica del mundo, en un hermoso cañón en el río Yangtse o Azul, la llamada "Three Gorges" (Tres Gargantas), con una potencia de 17.680 megavatios, equivalente a 18 centrales nucleares. En la decimotercera Conferencia del Partido Comunista de China fue aprobada su construcción, que requerirá un mínimo de 12 mil millones de dólares (1,5 billones de pesetas) y desplazar de sus hogares a más de un millón de personas. El dique tendrá una altura de
Otros proyectos descomunales son lo que afectan al río Narmada, en India, cuya primera fase es el embalse de Sardar Sarovar y el que probablemente será el mayor proyecto hidroeléctrico, James Bay en el norte de Quebec. Los planes de Hydro?Quebec contemplan la construcción de 23 hidroeléctricas antes del año 2006, con una potencia de 28.000 megavatios, equivalente a 28 grupos nucleares, inundando un total de
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La electricidad que producen las grandes presas no es una fuente de energía estrictamente renovable, pues los sedimentos colmatan y acortan la vida de los embalses, y la evaporación, sobre todo en las regiones cálidas, reducen la generación de electricidad.
Si los impactos sociales, ambientales y económicos son tan grandes, y rara vez son compensados por los resultados, cabe preguntarse las razones de la fiebre de los grandes embalses. Los ingenieros y los políticos serán recordados por los grandes embalses que inauguraron, y no por haber reducido la demanda de agua y de energía y haber aumentado la eficiencia.






