Paola Desai/Traducción Ricardo González-Bertomeu (Sin Permiso).- Los ricos también sufren de sed... Es un dato de hecho, y no es nuevo: un tercio del planeta sufre de escasez de agua potable. La cuestión es que la penuria de agua no concierne sólo a los climas áridos, y sus consecuencias no amenazan sólo a las poblaciones más desprotegidas del planeta. Lo subraya un estudio dado a conocer a principios de septiembre en Ginebra por la WWF internacional.

Según el estudio, el conjunto de cambio climático y la mala gestión de los recursos disponibles provoca penurias también en los países ricos de las fases climáticas templadas. Y hasta hace notar que algunas de las grandes ciudades más ricas del mundo son también las "más sedientas": Houston (en Estados Unidos), o Sydney (Australia), consumen agua bastante más rápido de lo que se reconstituyen sus reservas (claro, el dinero puede permitir llenar los acueductos comprando agua de zonas limítrofes y hasta lejanas).

Donde hay agua es mal usada: en Londres, en la ya-no-tan-lluviosa Inglaterra, las pérdidas de agua debidas a un sistema hídrico viejo y con poco mantenimiento son tales que cada día se podrían llenar trescientas piscinas olímpicas. O el agua está contaminada, y por lo tanto, vuelta inservible. En Australia, el continente más seco del planeta, la salinización del agua de freática es uno de los problemas más graves de amplias zonas agrícolas (y es consecuencia de la sobreexplotación de las capas freáticas). En Japón, donde tampoco falta el agua, en muchas zonas la contaminación crea penurias. En Europa, los países mediterráneos sufren de sequías recurrentes acentuadas por el turismo de masas y por la agricultura. "La crisis en las naciones ricas es la prueba de que el bienestar y la infraestructura no son una garantía contra la escasez, la contaminación, el cambio del clima y la sequía", hace notar Jaime Pittock, director del "Programa global sobre el agua dulce" de la WWF Internacional: "El agua está siendo usada de modo más eficiente en todo el mundo. Sin embargo, escasez y contaminación se están volviendo cada vez más comunes".

De la penuria por el agua y de sus causas también habla otro estudio anticipado ayer. Es del International Water Management Institute, organismo de investigación con sede en Sri Lanka y financiado por la Cgiar (Grupo de estudio internacional sobre agricultura, financiado, a su vez, por el Banco Mundial). Señala que la escasez de agua dulce se agrava mucho más rápido de lo previsto: en parte porque el agua disponible es usada mal y en parte porque la demanda aumenta, y empujando este aumento está la agricultura, que se expande para producir más comida para una población en aumento.

El estudio del Iwmi será difundido a fin de mes (las Naciones Unidas celebran una "semana mundial del agua" del 20 al 26 de agosto), pero fue en gran parte anticipado por su director general, Frank Rijsberman. El consumo global de agua, resumió, ha aumentado seis veces en los últimos 100 años y se duplicará de aquí al 2050. Millones de personas en Asia y Africa deben ya mismo hacer frente a la penuria del agua – causada por el excesivo uso del agua de los ríos o de las napas hídricas, y/o de la falta de infraestructura para conservar el agua y hacerla llegar a la población que tenga necesidad de ella. Particularmente insistió en la agricultura y en la producción de comida: el estudio se basa en la previsión de que en los próximos 20 años la demanda mundial de comida aumentará un 50 por ciento. En China y la India, por ejemplo, el relativo bienestar y la población en crecimiento hacen aumentar la demanda de comida, y por consiguiente del agua necesaria para producirla.

El instituto financiado por el Cgiar (y por lo tanto por el Banco Mundial) dice que la escasez puede ser superada con un uso más eficiente del agua, con sistemas de reciclaje (justo aquello que un mes atrás una ciudadana australiana ha rechazado hacer...) y con un "sistema de precios más eficiente" para el agua misma: argumento resbaladizo, que a menudo se tradujo en una incitación a privatizar los sistemas de distribución hídrica. Por "uso eficiente" se entiende, por ejemplo, la necesidad de mejorar los sistemas de irrigación (en muchos países deben ser simplemente "reinventados", dice Rijsberman): pero también aquí permanece una pregunta, muchos países entienden por esto más diques y más agua sacada de los ríos. Pero gran parte de los ríos del planeta sufren justamente de exceso de explotación de sus aguas – además queda el problema de la "competencia" entre los usos agrícolas y los urbanos o industriales.

Finalmente, también pueden hacerse otro tipo de consideraciones sobre los hábitos de los consumidores y la relativa "equidad":  piénsese que los australianos consumen como media 300 litros de agua por persona por día, los europeos 200, mientras que los habitantes del Africa subsahariana sobreviven con entre 10 y 20 litros de agua por día cada uno.