Entre toda la producción artística de Walter Solón Romero, probablemente “El Retrato de un Pueblo” sea el mural más destacado porque consigue narrar con imágenes dotadas de pasión y fuerza propia la otra cara de la historia nacional, recreando los puntos más altos de las luchas del pueblo boliviano en pos de su liberación. El público en general conocerá los secretos de esta monumental obra de
El mural “El Retrato de un Pueblo” que recubre las cuatro paredes del Salón de Honor de
Solón ejecutó su obra en mucho tiempo, en un período que va de
Sólo la pared frontal del Salón de Honor, sobre los ventanales, fue trabajada directamente. Solón quiso dejar en este pedazo del mural una lección de dibujo y por eso no le puso color a sus líneas, que muestran a los principales intelectuales que aportaron al desarrollo de la historia y del pensamiento bolivianos. “Solón defendía una tesis: a veces la pintura sirve para encubrir la falta de dominio del dibujo en el artista; al buen artista se lo conoce cuando se ve su dibujo a secas, sin pintura, sin sombreado, sin nada. Quiso dejar este mensaje de valoración/apreciación de lo que es el dibujo”, explica Pablo Solón.
En el mural se observan también algunas imágenes delineadas con un rojo chillón que aparentemente van en contra de las normas plásticas del muralismo. El objetivo de esta innovación en el dibujo fue buscar cierto grado de tridimensionalidad. Y, evidentemente, si se presta atención, se observará que esas figuras con líneas rojas resaltan hacia afuera.
La obsesión del artista era conquistar la tercera dimensión en un mural y amplificar factores de relieve e ilusión. De hecho, consideraba que el muralismo tiene tres dimensiones. Cuando está en frene de un mural, el espectador no ve un cuadro entero como una postal, sino solo partes, algunas a cuatro metros y otras a
La crítica coincide en que Walter Solón dedicó su mayor esfuerzo, energía y pasión para crear El Retrato de un Pueblo. No existe ni un solo centímetro ni una imagen de las más de 400 que pueblan las paredes del salón universitario que no reflejen los afectos de su creador y su inmenso sentimiento de admiración hacia los movimientos libertarios.
El mural de Solón narra la permanente lucha contra el imperialismo en sus distintas versiones a lo largo de la historia: la resistencia a la corona española, las rebeliones indígenas, la independencia, las conflagraciones bélicas, las luchas sociales y sindicales,
Solón pintó muchos murales de memoria histórica referidos a la nacionalización del petróleo, a la educación, a la aviación, entre otros temas, pero nunca había hecho uno que refleje el conjunto de la temática histórica desde el punto de vista de los movimientos sociales.
“El objetivo del mural El Retrato de un Pueblo es su propio título: relatar el conjunto de la historia de las luchas sociales; ha sido el más grande desafío. Recuerdo que la gran preocupación de mi padre era esa ¿cómo reflejar el conjunto, esa totalidad? Se ha logrado plasmar esa historia, pero no fue nada fácil”, dice Pablo.
Con este trabajo, Solón cumple con su objetivo de vida: mantener en la memoria colectiva la fecunda vitalidad de los movimientos obreros, campesinos e indígenas que escribieron la historia del país.
El Retrato de un Pueblo se pintó en uno de los peores momentos del embate neoliberal, caracterizado por el repliegue y la derrota del movimiento obrero. Es así que el mural termina reflejando esos rasgos históricos circunstanciales y la preocupación de su creador por el futuro incierto.
En los cuadros finales del mural, Solón recrea la célebre marcha minera por la vida y luego esboza a un hombre viejo sentado, mirando todo lo que ha pasado en la historia y preguntándose algo así como: “¿Y ahora qué?”. Él siempre fue muy crítico de la democracia y por ello concluye la obra con una imagen conflictiva de una estatua sin rostro que se pone una suerte de máscara.
Uno de los grandes problemas que enfrentó el artista era imaginar el futuro, quizá lo más difícil porque éste es incierto. Su hijo Pablo está convencido de que el final de El Retrato de un Pueblo sería distinto hoy en día.
Solón nunca se refirió a El Retrato de un Pueblo como su obra cumbre. No se puede preguntar a un padre cuál es su hijo preferido comentaba el artista cuando le preguntaban cuál era el trabajo más importante de su vida. Solía decir: “La obra más grande es la que voy a empezar a pintar”.






