(Minga Informativa/ANAMURI/ALAI-Amlatina).- La pobreza recae con más fuerza sobre las espaldas de las mujeres porque son ellas las llamadas a solucionar la alimentación de las familias en el día a día. Ese es sólo uno de los tantos impactos que tiene el libre mercado para las mujeres de América Latina. En el Taller “Las luchas de las Mujeres de las Américas contra la Tiranía del Libre Comercio”, organizado por la Marcha Mundial de Mujeres, Remte, Mujeres de la CLOC y Vía Campesina en la III Cumbre de los Pueblos, Blanca Chancoso, dirigenta de CONAIE, comentó que se “se necesita desarrollar una política económica alternativa, que demuestre una forma de exigencia en el cambio en las economías de los gobiernos”.

En las conclusiones del debate, en el que participó María López, dirigenta de la Asociación de trabajadores del Campo (ATC) de Nicaragua, integrante de CLOC y Nalú Faria por la Marcha Mundial de Mujeres y la Remte, se expresó que “la vida de las mujeres cambia cuando se hace parte de una visión, de una corriente que lucha en contra de la opresión”.
¿Por qué los gobiernos nos obligan a vivir las leyes del mercado? Es una de las interrogantes que se planteó en el debate. Las mujeres somos consideradas una mercancía más, dice Nalú Faria: “somos construidas socialmente para la opresión, tenemos que organizarnos, tomar conciencia y construir entonces un poder alternativo desde el poder popular”.

Las campesinas desafiaron a la OMC en Hong Kong

Quienes negocian agricultura y alimentación en la Organización Mundial de Comercio (OMC) tratan sus propios intereses y de las grandes corporaciones, no consideran a las campesinas que son quienes garantizan esas actividades económicas. La OMC no debe seguir, opina la líder coreana Yoon Geum Soon.

Las onerosas condiciones impuestas por el agro-negocio, que empuja a comprarlo todo y a endeudarse para hacerlo, está llevando a las campesinas a la desesperación, la emigración y en algunos casos al suicidio.  Así, la coerción a la lógica mercantil en la agricultura no sólo pone en riesgo los derechos de las mujeres sino también sus propias vidas, enfatizan representantes de distintos lugares del mundo.

Bajo el presunto argumento de que las reglas comerciales no tienen que ver con las desigualdades entre los géneros, la OMC toma decisiones que agudizan la exclusión de las mujeres. En Europa, por ejemplo, según Josie Riffaud, de la Vía Campesina Francia, las campesinas no tienen estatus profesional y en consecuencia tampoco tienen asegurada la remuneración ni el seguro social. En esas condiciones, se ven forzadas a asumir los inabordables costos de la producción agrícola, que comprende la implementación de costosas tecnologías que se imponen como regla obligatoria para poder entrar en las dinámicas de la industrialización.

En el Sur, las mujeres se ven afectadas por situaciones similares, sin considerar que ellas, en la mayoría de países, producen más del 50% de insumos alimenticios. Las hindúes, por ejemplo, producen hasta el 70%, las tailandesas y coreanas el 60%, pero la lógica de la competencia comercial y económica, sobre la cual se levantan los preceptos de la OMC, obvia esta realidad y pretende que la producción agrícola proviene exclusivamente de las empresas transnacionales, mientras que en la realidad la mayoría de mundo sigue abasteciéndose de la pequeña agricultura, en la cual predominan las mujeres.

El endurecimiento de las condiciones de vida en el campo ha conducido a un éxodo de campesinas del Sur hacia las grandes ciudades y a otros países, ello, con enormes costos humanos, no sólo por la crisis que esto genera en la vida rural sino, sobre todo, porque expone a las emigrantes campesinas a asumir los trabajos más devaluados en el mundo urbano, tales como el trabajo doméstico o la prostitución. En los países del Norte, las migrantes se ven obligadas a aceptar condiciones laborales que en muchos casos se asemejan a la esclavitud. Las que se quedan en el campo, por su parte, se ven obligadas a conseguir otros empleos adicionales además del que ya asumen en el mundo agrícola.

Las reglas de la OMC sustraen a las mujeres de sus prácticas históricas y de la posibilidad de continuar desarrollando sus conocimientos, tal es el caso de la hibridación y conservación de las semillas que se les está arrebatando de sus manos, para imponer el uso de semillas comerciales y hasta transgénicas de marcas transnacionales, comenta la hindú Chukki Najundaswamy. En esas condiciones, las mujeres pierden su estatus de campesinas y productoras para ser empleadas del agro-negocio, en tareas que no merecen ningún reconocimiento.

Por otro lado, las posibilidades de las mujeres de acceder a la tierra es cada vez más remota. En la actualidad, mientras las tierras están siendo acaparadas por las transnacionales, los índices de acceso de las mujeres a ella es de apenas el 1%.