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El espíritu de Wálter Solón Romero continúa entre nosotros y su mensaje de esperanza y rebeldía está más vivo que nunca. A través de su obra y de la Fundación cultural que ha dejado de herencia al movimiento popular boliviano, Solón sigue reclamando justicia.
Celebrando sus 10 años de vida, la Fundación Solón reabrió sus salones de exposición el 4 de agosto con una muestra retrospectiva de la obra del artista, fallecido hace seis años. En el acto, el viceministro de Cultura José Bedoya recordó a “Solón Romero como un hombre que se solidarizaba con todas las causas y los derechos de la gente. "Con dulzura de niño interpelaba al poder, a los responsables de las instituciones que no se comprometían y a la injusticia”.
El rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Roberto Aguilar, dijo sentir admiración por Solón Romero por su capacidad de trabajo y su arte de contenido popular. “La belleza le salía del corazón y de su mente comprometida con el pueblo. Su legado continúa a través de la Fundación Solón, que emprende una lucha diaria contra el ALCA y contra todas las arremetidas del imperialismo”. “Nunca dejé de descubrir algo nuevo en el mural El Retrato de un Pueblo pintado en el Salón de Honor de la UMSA y en el mural Cristo de la Higuera reproducido en la Facultad de Medicina”, resaltó el rector de la casa de estudios superiores de La Paz.
La obra de Solón no cesa de denunciar el hambre, la tortura, la servidumbre, la injusticia y la impunidad. Sacha Llorenti, presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, considera que la obra y el ejemplo del muralista siguen vivos. “Ya sea en el logotipo del Sindicato de la Prensa, en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, (el trabajo de Solón) está con nosotros todos los días. Pablo Neruda recuerda que el rol y el deber de los artistas para con la sociedad es cantar con sus pueblos, llevar la razón y el desvarío. Solón Romero cumplió al pie de la letra ese mensaje, pues su acción artística reclama el derecho a una vida digna y nos insta a continuar en la lucha hasta que todos los molinos sean vencidos”, describió Llorenti parafraseando a Don Quijote, compañero inseparable de Solón.
Pablo Solón, director de la Fundación, precisó que la obra de su padre no solo reivindica los derechos de los hombres sino que trasciende hasta otros seres vivientes y el planeta mismo. Somos una más de las especies que habitan el planeta y en ese contexto la obra entiende a los derechos como un concepto holístico. Para Walter Solón los derechos del hombre eran mucho más que los conceptos planteados por Naciones Unidas en 1948. El artista consideraba que el ser humano también tiene derecho a la esperanza, a soñar, a pensar en un mundo diferente, y a levantarse y emanciparse. La misión central de la Fundación es continuar esos pasos, explica Pablo Solón.
Solón nos impulsa a la creatividad y a mantenernos rebeldes y solidarios con las causas de los más débiles y a buscar una sociedad más humana, añadió Elyzabet Peredo, responsable del área Mujer, Trabajo e Identidad de la Fundación Solón.

Las obras más destacadas

De toda la producción de Walter Solón en exposición, los trabajos que más llaman la atención de los visitantes son aquellos relacionados con las flores y los célebres murales conocidos por condensar la historia boliviana. Rodolfo Vargas y Pedro Galán, ambos miembros de la Familia Galán, consideran que con el grabado en cemento que ilustra la imagen de un niño (Derecho a la Vida) y las flores que revindican el Derecho a las esperanza, el artista nos indica que los seres humanos no solo tenemos derecho a gozar de los postulados de Naciones Unidas sino que también tenemos derechos que a veces pasan desapercibidos como la naturaleza, y cosas tan sencillas que a la vez son muy importantes como las flores.
El Derecho a las flores es el que más gusta a Llorenti porque representa no solo la esperanza sino la alegría y felicidad, esa búsqueda cotidiana de un equilibrio entre la naturaleza y el ser humano. Para Llorenti, el Quijote representa la utopía de pelear por algo que parece imposible, pero que de todos modos es el acicate permanente para conquistar mejores condiciones de vida.
A Enrique Mariaca, miembro del Comité de Defensa del Patrimonio Nacional (Codepanal), le llaman la atención las obras que reflejan el esfuerzo del pueblo por luchar y salir de la dependencia centenaria. “Fuimos dependientes de los españoles siendo una sociedad civilizada, pero ahora estamos resucitando”, añade.
La obra que impacta a Ema Bravo Cladera, del Instituto de Terapia e investigación sobre las secuelas de la tortura y violencia de Estado, se denomina Derecho a la memoria histórica. “Es un cuadro que elegimos como tapa de la memoria institucional del primer año de vida del Instituto. Me impacta mucho porque en un solo cuadro Solón Romero ha podido plasmar casi toda la historia de Bolivia”, comenta Bravo, una apreciación que es compartida por el investigador Tom Kruise.
Un trabajo de Solón que siempre impresionó a Loyola Guzmán es un tapiz dedicado a José Carlos, el hijo desaparecido del artista. “Lo ha expresado de tal forma que podría ser considerado una expresión universal para todos los desaparecidos en el mundo”, comenta la luchadora por los derechos humanos.
La obra que más motiva a Carlos Cordeo es el mural del Museo de la Revolución, una acuarela que retrata un momento particular de la historia que es el colgamiento de Gualberto Villarroel. “Tengo una afinidad con ese espacio que es el museo de la Plaza Villarroel donde existen 150 metros cuadrados de pintura mural, muy parecidos a los que hay en el Consejo Universitario en el Monoblock. Solón ha sido el más grande muralista que ha tenido el país, juntamente con Alandia Pantoja”, añade el investigador social.
El ex canciller Antonio Araníbar fue gratamente impresionado por las manchas, una serie gráfica que se caracteriza por haber sido pintada luego de la caída de la dictadura en los años 80. “Mi relación con el arte pictórico es poco elaborada para poder expresar lo que siento al observar las obras. Es una visión de conjunto que logra impactarme y después voy a los detalles. La obra de Solón es muy rica en ambos aspectos, pues es capaz de mostrar una gran perspectiva sobre cada uno de los temas por muchos personajes y cuando se va al detalle es de una riqueza muy grande”. Araníbar no había visto la mayoría de las obras en exposición, “debo confesar mi ignorancia en la obra de Solón. Conozco el Quijote y las cosas publicadas que en su momento tuvieron gran impacto, pero aquí hay muchísima obra bellísima”.
Al cineasta Diego Torres le impacta la máscara de metal que recrea a la piedra, uno de los tres símbolos de la Fundación Solón y que representa la memoria histórica del pueblo. “Yo conozco la serie de Quijotes, pero la máscara me llamó la atención porque me pareció una variación muy interesante”.
Para Juan Carlos Alurralde, del CGIAB, resulta reveladora la sensibilidad que Solón desarrolló en torno al agua, mientras que Noel Aguirre, del Cebiae, se identifica con los cuadros vinculados al derecho a la educación.
Lo importante de toda la muestra es la cantidad de emociones que genera; esa es su riqueza. Ojalá que pronto estemos asistiendo a una exposición ya no solo por el derecho sino por el ejercicio pleno de los derechos, incluido el derecho a ejercer el poder, menciona Willi Castro.

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César Suárez Taborga:

Solón Romero, un hombre que supo darse a la humanidad

Don César Suárez Taborga, compañero íntimo de Walter Solón Romero, recuerda al muralista fundando y promoviendo el grupo Anteo para que se convirtiera en un verdadero órgano de capacidad revolucionaria y de expresión artística del pueblo, de sentido solidario con el hombre y la mujer batalladora.

¿Qué es lo que recuerda de Solón?“Lo recuerdo como un hombre sincero consigo mismo y con sus amigos, con su lucha a favor del pueblo boliviano. Antes de viajar Solón estuvo en mi casa, reímos, miramos los textos sobre arte en París y comenzamos a charlar sobre los artistas que hay en el campo plástico. Se retiró a las 9 de la noche y al día siguiente a las 11 tenía yo la noticia de que Solón Romero se moría. Alcancé a visitarlo todavía, pero ya no pudimos dialogar. Mi recuerdo es ese: un hombre que supo darse al arte, a la vida, a la cultura y a la humanidad”.

¿Identifica artistas similares en esta época?

Sencillamente no hay

¿Murió la tradición?

Simplemente la tradición está representada por hombres útiles y capaces. Cuando estos hombres desaparecen la tradición decae, si es que la hubo. Seguimos cuatro amigos del grupo Anteo: Gil Imaná en La Paz, Lorgio Vaca en Santa Cruz, y yo, César Suárez, que he sido uno de los hombres que ha levantado las banderas de la reivindicación del arte popular.