(RECALCA) En medio de la peor crisis del proceso negociador, cuando
hasta la SAC, con irritación ha manifestado su indignación por
las sucesivas entregas que ha hecho el gobierno, el presidente Uribe en
un foro con la Andi, declaró que había que acelerar las negociaciones y
firmar el TLC en las próximas semanas. Las declaraciones del presidente
no estaban dirigidas a Estados Unidos pidiéndole mayor flexibilidad,
sino al equipo negociador colombiano ordenándole que acelere la firma.
En su intervención incluso desautorizó a su Ministro de Comercio,
defensor a ultranza del tratado, pero quien por un instante acarició la
posibilidad de no firmarlo.
Todos los análisis han mostrado la evidencia de que por el agro serán
sacrificados importantísimos sectores como los arroceros, los
trigueros, los productores de pollo, los de algodón, los palmeros, etc;
que los supuestos beneficiados no lo serán tanto; que la industria no
tiene capacidad de competir; que no necesariamente llegará la inversión
externa y si llega no implicará mayor crecimiento; que el Estado
perderá capacidad de promover el desarrollo económico y sin parar
mientes en estos hechos, el primer mandatario señaló que veía mas
oportunidades que riesgos para la agricultura.
Evidentemente en la reunión con Bush en el rancho Crawford el gobierno
accedió a levantar todos los obstáculos para la firma del tratado y se
apresta en forma rápida a ceder en todos los aspectos en los cuales,
por presión de la opinión pública y de los sectores afectados, no se
había cedido todavía. Uribe, quien dijo que no le importaba que hubiera
periodos electorales de por medio, se apresta a sacrificar aún a
quienes fueron sus aliados en el proceso negociador pero que esperaban
una buena negociación.
Con esta decisión se ratifica lo que hemos venido señalado desde el
comienzo del proceso y es que si hay TLC, lo habrá a la medida de
Estados Unidos y que la famosa negociación no ha sido más que un lento
y enrevesado tránsito hacia adoptar el texto estadounidense, que el
Atpdea ha sido el señuelo y que al final esa potencia será la ganadora
y Colombia quien hará los sacrificios.
No resta sino arreciar la denuncia de esta decisión gubernamental y por
medio de la movilización, como la planteada para el 12 de octubre
rechazar el tratado e impedir que se consume el atentado.






