Cada que pueden, los agroindustriales de Santa Cruz y el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) hacen campaña a favor de los cultivos transgénicos e intentan convencer al gobierno de que estos productos son competitivos, no hacen daño a la salud y son más rentables. Pero los empresarios no advierten que los grandes mercados mundiales como el europeo cada vez compran menos productos modificados genéticamente.
Según el IBCE, la soya transgénica llegó a representar el 70% de la producción mundial, frente al sólo 1% de soya orgánica en la campaña 2005-2006. En este período, la producción mundial de soya ascendió a 222 millones de toneladas, de las que un poco más de 155 millones corresponden a soya genéticamente modificada; frente a 67 millones de soya convencional. De ese total, sólo 2,11 millones de toneladas son soya orgánica.
El gobierno de Evo Morales rechaza los cultivos transgénicos y, en contraposición, fomenta la producción ecológica. Pero el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigos (Anapo) Carlos Rojas opina que el país perderá competitividad si es que no cultiva transgénicos que tienen mejores costos de producción. Los empresarios argumentan que la siembra de soya transgénica es más barata, más eficiente, menos dañina para el medioambiente y genera rendimientos mayores. Según los agroindustriales, el impacto medioambiental del glisofato es menor que el cóctel de agroquímicos que se utiliza en la siembra tradicional de granos.
Pero la gran pregunta del gobierno es: ¿Es posible competir con los grandes productores transgénicos como Argentina Uruguay? Los empresarios bolivianos no se animan a responder porque reconocen que el margen de rentabilidad para el productor mediano y chico con la soya convencional es más estable en el tiempo porque el productor no depende de insumos importados.
Los agricultores que sembraron soya transgénica en la anterior campaña en San Julián, comunidad ubicada en la provincia Chiquitos del departamento de Santa Cruz, en la denominada zona de expansión, perdieron gran parte de las hectáreas cultivadas. Los productores de Villa Arancibia, a cuatro kilómetros de San Julián, informaron que prácticamente perdieron toda su inversión.
El motivo de la pérdida fue el ataque de la roya, a la que la soya transgénica es más susceptible. Además, los agricultores comprobaron el bajo rendimiento de la soya transgénica en comparación con la oleaginosa convencional. Los agricultores del Norte Integrado denominan a los restos de la soya transgénica como soya "Soca", (o soya Guacha en Argentina), mala hierba que se resiste a morir y que se convierte en hospedera de enfermedades e insectos. Es así que los nuevos cultivos deben convivir con esta hierba, y al compartir los nutrientes de la tierra se reducen los rendimientos.
Por estas razones, la Asociación de Productores del Municipio de San Pedro, ubicada en la provincia Santiestebán de Santa Cruz, pidieron al gobierno un Decreto Supremo que derogue la Resolución Multiministerial aprobada en el gobierno de Carlos Mesa, que autoriza el ingreso de soya transgénica.
Los transgénicos pierden mercado en Europa
Algunos agroindustriales del oriente boliviano hacen campaña a favor de los transgénicos justo en un momento en el que crece el rechazo europeo al los productos modificados genéticamente. Este rechazo perjudica significativamente las exportaciones norteamericanas de soya transgénica.
Las ventas de Estados Unidos a Europa registraron una acentuada caída de 44.99% en este año, segun informa el Departamento de Agricultura de la potencia del norte (USDA). De enero a junio del año pasado se exportaron 2.081,837 millones de toneladas, pero este año en el mismo período fueron embarcadas apenas 1.145,287 millones hacia el continente europeo.
Las exportaciones de soya transgénica norteamericana al mercado mundial también están a la baja con una caída de 8.30% en este año. El volumen embarcado en los primeros seis meses de 2006 fue de 12.182,80 millones de toneladas, contra los 13.285,547 millones de toneladas exportadas en 2005.
Según la publicación Exportnews, las estadísticas divulgadas por el gobierno norteamericano registran reducciones dramáticas en los embarques de soja para el mercado europeo. En este año las ventas a Francia bajaron 73,04%; para a Grecia 99,83%; para Reino Unido 97,38%; para a Italia 96,02% y para Alemania 88,75%. Este año Estados Unidos no pudo exportar ni una tonelada de soya transgénica a India, considerado uno de los mayores mercados del mundo.






