Ha pasado ya más de una década desde que la Fundación Solón –un legado del muralista Wálter Solón Romero al movimiento popular boliviano– inició actividades como un espacio de interpelación desde diferentes miradas y frentes analíticos.


Al cumplirse 11 años de trabajo sin interrupciones, la institución cambia de mando sin modificar los principios que guían su actividad, es decir la recuperación de las voces de los sectores discriminados y críticos que cuestionan las grandes inequidades sociales y reclaman la transformación social.


El hijo del maestro Wálter Solón, Pablo Solón, estuvo al cargo de la institución desde su creación en 1996, y ahora se aleja momentáneamente para atender otros asuntos igual de importantes, invitado por el Presidente Evo Morales Ayma. En su lugar se queda su compañera Elizabeth Peredo Beltrán para continuar con la quijotesca labor de la familia Solón, que es la reivindicación del derecho a soñar con mundo diferente, justo y solidario.


La Fundación seguirá dando seguimiento a los temas que marcaron su historia como son la defensa de los derechos humanos, de las mujeres y de los pueblos indígenas, la interpelación al modelo del libre comercio, la preservación de los derechos del agua y la lucha contra la impunidad. La institución continuará reivindicando la práctica de un humanismo verdadero expresado en el goce pleno de los derechos humanos, incluyendo el derecho a la creatividad y a la rebeldía.  “Por eso mantenemos nuestra independencia y autonomía política” y sobre todo un espíritu crítico, enfatiza Peredo, que pasa del Área Mujer, Identidad y Trabajo a la dirección de la Fundación Solón.


Elizabeth Peredo trabajó en investigación y acompañamiento a organizaciones de mujeres durante una década como integrante del Taller de Historia y Participación de la Mujeres (TAHIPAMU); fue consultora de la CEPAL y la OIT en temas de género y etnicidad y en los últimos ocho años fue una de las activistas principales de la Fundación Solón en temas de libre comercio y agua. Ha publicado varios títulos que profundizan en las temáticas de género, etnicidad, racismo, trabajo femenino y derechos humanos, entre los que destacan Nayan Uñatatawi (1988), Recoveras de los Andes (1992), El Testimonio (1996) y La equidad empieza por casa (1998), Agua, Privatización y Conflicto - Las mujeres del valle de Cochabamba (2005), entre otros. Peredo también ha guionizado y colaborado en la producción de los videos El trabajo invisible (1996), Las polleras de la luna (1988), Para sumar derechos (2000), Un febrero en la Memoria (2003), y La sangre de la Pachamama (2003).


Peredo destacó como articuladora y organizadora de la causa de las trabajadoras del hogar coordinando el Comité Impulsor de la Ley de Trabajadoras del Hogar que fue finalmente fue aprobada por el Congreso el año 2003. La campaña de incidencia de la Fundación Solón en este tema fue premiada por el Instituto de Derechos Humanos de Francia. Esta experiencia constituyó la base de nuevas estrategias de incidencia a partir del año 2000 que alcanzaron resultados concretos en la visibilización de los impactos del libre comercio y de la privatización del agua en las mujeres en las acciones de cuestionamiento al modelo del libre mercado.
 
 
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Las preocupaciones de la Fundación Solón
 
Los derechos humanos son una preocupación central de la Fundación Solón desde su nacimiento. La institución considera que los derechos humanos no deben afectar los derechos ambientales y es crítica de aquellas decisiones que, so pretexto de respetar los derechos humanos, vulneran el equilibrio ambiental y la calidad de vida de otras especies en el Planeta.
 
El agua
 
El agua es una de las últimas fronteras que el gran capital pretende conquistar en un mundo que se empeña en mercantilizarlo todo. El agua, elemento fundamental para la vida en el Planeta, está siendo negociada para beneficio de unos cuantos. Esta visión que se generaliza en el mundo impide el acceso democrático al agua, atenta contra el cuidado sostenible de este recurso cada vez más escaso y contradice las visiones de culturas milenarias y de aquellas sociedades locales que consideran al agua como un derecho humano que hay que cuidar para el presente y el futuro. La Fundación Solón recupera una visión social del agua desde las sociedades locales, comunidades agrarias, mujeres y de todos quienes la consideran un bien común no mercantilizable y demanda que ésta no sea parte de los acuerdos de libre comercio.
 
El libre comercio
 
Los impactos de los acuerdos de libre comercio y los sistemas de protección a las inversiones de las transnacionales en los derechos humanos y ambientales son parte de las preocupaciones de la Fundación Solón. Se habla de acuerdos como el ALCA, los TLCs y los de la OMC, que se han convertido en las reglas internacionales que proporcionan enormes ventajas a los países ricos y a las empresas en detrimento de las economías más débiles y de los sectores sociales más pobres y vulnerables. A pesar de la gran falta de transparencia que caracteriza a estos acuerdos y negociaciones, la Fundación y una amplia plataforma de organizaciones e instituciones buscan proporcionar información crítica al respecto y promover acciones que interpelen a los tomadores de decisiones desde la visión de los actores sociales que verán afectados sus derechos humanos con la aplicación de estos acuerdos.
 
Las mujeres
 
Bajo el principio de que “la equidad empieza por casa”, la Fundación Solón incluye entre sus intereses los derechos de las mujeres y en particular de las mujeres trabajadoras e indígenas. Ha trabajado visibilizando la discriminación de la que son objeto de manera cotidiana las trabajadoras del hogar, recuperando las voces de este sector a través de la acción del Área Mujer, Identidad y Trabajo. El Área también se esfuerza por defender los derechos de las mujeres en el contexto de la globalización económica evidenciando los impactos de los acuerdos de libre comercio en los derechos de las mujeres y rescatando las visiones, perspectivas y propuestas que desarrollan las mujeres con relación a los recursos naturales, en particular en su lucha por la defensa del agua desde su especificidad de ser mujer. A partir de estas experiencias, la Fundación promueve el fortalecimiento de las mujeres en la sociedad y en sus organizaciones para combatir prácticas patriarcales y autoritarias.
 
Memoria histórica: Arte y compromiso

Los hechos sociales tienen trascendencia histórica si están presentes en la memoria de los pueblos. Esa memoria es la que proporciona la fuerza para buscar una sociedad justa, equitativa y solidaria. La memoria histórica del pueblo boliviano está representada en más de 2.000 trabajos de la obra de Solón (Quijotes, murales, grabados, manchas, textiles, óleos); así como en la recuperación de las luchas y propuestas de los movimientos sociales en el trabajo temático de la Fundación Solón, lo que proporciona un registro de gran valor histórico.
Recuperar y mantener la memoria histórica para ofrecerla a la sociedad se ha convertido en una tarea central de la Fundación. Además de la difusión de la obra de Solón, se promocionan también actividades artísticas y sociales (como la construcción de la Plaza del Detenido Desaparecido; la difusión de dibujos infantiles que en febrero de 2003 nos dieran una perspectiva dramáticamente humana del enfrentamiento entre policías y militares, o las “Paredes que Hablan de la Solidaridad y la Justicia”, que están siendo pintadas en 15 muros de la ciudad de La Paz por talentosos jóvenes artistas bolivianos).
Así, la casa donde viviera y trabajara Walter Solón Romero se transforma ahora en una Casa- Museo que narrará la historia de los movimientos sociales bolivianos a través de la obra de Solón, con el objetivo de rescatar la memoria colectiva del pueblo.
 
La lucha contra la impunidad
 
La historia boliviana está plagada de agravios a la dignidad humana y de violaciones a la libertad, tanto en dictadura como en democracia. Lamentablemente, la violencia y el abuso estatal se repiten en varios momentos de la democracia, protegidos por un manto de impunidad institucionalizada. Fruto de ello son los hechos de sangre de febrero y octubre de 2003, entre otros. Uno de los objetivos de la Fundación Solón es visibilizar y denunciar la impunidad recuperando expresiones de la población para denunciar el abuso de poder y contribuir a la búsqueda de justicia. De manera concreta, la Fundación Solón da seguimiento a la desaparición de José Carlos Trujillo Oroza, que es el primer caso en Bolivia que cuenta con una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.