(Elizabeth Peredo Beltrán).- Cuando decidimos montar una exposición sobre los murales de Solón lo hicimos concientes de que constituyen un invalorable patrimonio de la cultura nacional. A 8 años de la partida de Walter, el amigo, el Maestro, no podíamos hacer menos que honrar aquel legado mural y artístico. Testimonio de su gran sensibilidad social, sus murales dan cuenta de la magnitud y grandeza de su obra y de la dimensión de los desafíos de un pueblo que aún hoy se debate entre la dependencia y la autodeterminación, la intolerancia y el respeto por la otredad, el dominio de los poderosos y el derecho a la vida, la colonización moderna y la soberanía de los pueblos.
Los mensajes, los rostros, personajes y sentimientos que los murales de Solón transmiten a través de sus 18 obras murales en el país se constituyen en un espejo, un espejo del tiempo, del pasado y del presente en el que podemos recrear la memoria pero al mismo tiempo reflexionar, adivinar e imaginar el futuro. La obra artística puede expresar lo que no siempre las palabras logran y, así como el lenguaje contribuye a estructuras el pensamiento, el arte da forma también a las utopías.
Bajo esta inspiración en
Los mensajes de la obra de Solón y su imbricación con más de una década de trabajo institucional en torno a los derechos humanos, el agua, la tierra, la integración y la cultura nos han llevado al convencimiento de que en nuestro país y en la región hay mucho por hacer en lo que se refiere a
Un reciente hecho ocurrido en Montero nos trae a esta reflexión: un mural realizado por el renombrado muralista Lorgio Vaca, compañero y amigo de Walter Solón, fundador del Grupo Anteo, fue destruido a golpe de cincel y martillo por haber incluido imágenes de la wiphala y el Che Guevara. Este hecho inadmisible de intolerancia y ceguera se produjo con un coro de «innombrables» que decían: «El arte no es para trasmitir ideas, ni para incitar al pueblo…».
Cuán presente está en nuestra sociedad la importancia vital de la cultura como motor del cambio social?, ¿cuán importante es el respeto a la creación artística?, ¿cómo pensamos la cultura más allá de considerarla simple complemento folcklórico o añadido social? Avanzar como humanidad requiere del respeto a la cultura y a la diversidad, el cuidado del patrimonio, la construcción de significados sociales que valoren la creatividad y la reflexión.
Me permito concluir estas palabras evocando a Walter Solón cuando nos decía: «Estoy convencido de que la primera función del muralismo no es decorativa, sino comunicacional. El principal objetivo de un muralista es hacer hablar a las paredes para promover factores de comprensión y de cambio”.
Quiero agradecer al Viceministerio de Culturas, a
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Los murales de Solón: La Memoria de una esperanza
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