Alexandra Spieldoch

Un análisis de género no se ocupa solamente de las mujeres, sino también de las estructuras políticas, económicas, culturales y sociales que vienen determinadas por los diferentes roles que tienen las mujeres y los hombres en la familia y en la comunidad. Por ejemplo, hay importantes diferencias entre las mujeres y los hombres con respecto a su calidad de vida, la cantidad y clase del trabajo que desempeñan así como el reconocimiento por el mismo, con respecto a su salud, sus niveles de alfabetización y su prestigio social, político y económico. Las mujeres están muy a menudo marginadas en sus familias y sus comunidades, sufriendo situaciones en las que tienen un acceso relativamente menor a los créditos, la tierra, la educación, la toman de decisiones y los derechos al trabajo. Así que no es sorprendente que las mujeres constituyan la mayoría de los pobres en el mundo en sectores tanto rurales como urbanos, y que constituyan también la mayoría de aquellos que están en la economía sumergida.

La marginación de las mujeres en la investigación y las políticas relacionadas con la agricultura y la alimentación es extraordinaria si se tiene en cuenta la «feminización de la agricultura » que existe hoy. En el área de la producción, el rol de los hombres en la agricultura ha venido disminuyendo mientras que el rol de las mujeres en la agricultura ha caído ligeramente, ha permanecido estable o ha aumentado. A lo largo de los años 90, la proporción de mujeres económicamente activas en los países en desarrollo en el sector agrícola era superior al 60 por ciento y en los países menos desarrollados era cercana al 80 por ciento Incluso aunque la FAO pronostica que el número total de mujeres que trabajan en la agricultura bajará hacia el 2010, predice que en los países menos desarrollados ese número seguirá estando por encima del 70 por ciento.

Las mujeres son las responsables de más de la mitad de la producción de alimentos en el mundo. En los países en desarrollo, las mujeres que viven en el ámbito rural producen entre el 60 y el 80 por ciento de los alimentos y son también las productoras principales de las cosechas de alimentos básicos del mundo (como el arroz, el trigo y el maíz), que proporcionan hasta el 90 por ciento del consumo alimenticio de los pobres en el mundo rural.1 Las mujeres tienen incluso mayor presencia en la producción de legumbres y hortalizas en pequeños cultivos; además, se encargan de criar aves de corral y pequeños animales y proporcionan la mayor parte de la mano de obra en las actividades que tienen lugar tras la cosecha como el almacenamiento, tratamiento y procesamiento de cereales.2 La FAO publica cifras que refl ejan que las mujeres proporcionan hasta el 90 por ciento de la mano de obra en el cultivo del arroz en el Sureste Asiático y producen hasta un 80 por ciento de los productos básicos alimenticios para el consumo doméstico y para la venta en el África Subsahariana.3

El papel de las mujeres en la agricultura no se limita a las pequeñas tierras de subsistencia. Hay 450 millones de mujeres y de hombres dedicados a labores agrícolas en todo el mundo que no poseen o arriendan la tierra en la que trabajan, ni las herramientas y equipos que usan.

Estos trabajadores representan más del 40 por ciento de la mano de obra agrícola en el mundo y, junto a sus familias, constituyen el núcleo de la población rural pobre en muchos países. El número de mujeres trabajadoras asalariadas va en aumento y representa actualmente entre el 20 y el 30 por ciento de la mano de obra asalariada.

Los nuevos trabajos para ellas surgen principalmente en la agricultura orientada a la exportación, como el de flores cortadas, y en el cultivo y empaquetado de hortalizas (las exportaciones agrícolas no tradicionales, NTAE en sus siglas en inglés). Estos trabajos son a menudo temporales o dependen de la época del año y es tán muy mal pagados, con sueldos que están muy por debajo de los que ganan los trabajadores industriales. Los niños forman parte también de la mano de obra asalariada en la agricultura. El 70 por ciento de los niños trabajadores están en el sector agrícola. Los trabajadores agrícolas a menudo viven por debajo del nivel de pobreza y forman parte del núcleo de la población rural pobre en muchas partes del mundo.4

Un número cada vez mayor de mujeres trabajan en el sector agrícola informal, haciendo en gran parte labores manuales lentamente y sin planificar o trabajando como vendedoras callejeras en mercados de comida locales. El Comité sobre la Economía Informal de la OIT sostiene que las políticas macroeconómicas fallidas, la desigual distribución de los beneficios de la globalización y la feminización de la pobreza han contribuido al incremento de mujeres que trabajan en la economía sumergida.5

Por todas estas razones, las mujeres se ven directamente afectadas por el fracaso de los gobiernos a la hora de hacer posible el derecho a la alimentación, y se ven a menudo afectadas negativamente por los cambios en las políticas macroeconómicas. Las mujeres deben estar más involucradas en el desarrollo de políticas para cambiar esta situación.
 
La Plataforma de Acción de Pekín (BFPA), que todos los estados miembros de la ONU firmaron en 1995, reconoce que las mujeres deben participar «como agentes y benefi ciarios al mismo tiempo en el proceso de desarrollo». En la BPFA, los gobiernos acordaron asegurar que el comercio no tuviera un impacto adverso en las actividades económicas de las mujeres (tanto las actividades nuevas como las tradicionales); implementar análisis del desarrollo de políticas eco nómicas que tuvieran en cuenta el impacto de género para así poder asegurar una igualdad de oportunidades para las mujeres; llevar a cabo reformas legislativas para conceder a las mujeres igualdad de derechos para el acceso a los recursos económicos (incluyendo la propiedad, el crédito y las nuevas tecnologías); medir el trabajo sin remunerar en las granjas familiares; reconocer y fortalecer el rol de las mujeres en la seguridad alimentaria y como productoras; y apoyar a las mujeres indígenas y el conocimiento tradicional.13

En la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), que fue adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1979 y está considerada como la Carta Global de los Derechos Humanos de la Mujer, los gobiernos también acordaron prestar especial atención a las necesidades de las mujeres en el ámbito rural, eliminar la discriminación en las zonas rurales y facilitar el acceso de las mujeres a la sanidad, la seguridad social, la capacitación y la educación, los préstamos, la tecnología, el agua, las condiciones de vida adecuadas, los servicios sanitarios, la vivienda, los suministros y el transporte.14 Desgraciadamente, los gobiernos no han seguido muchas de estas recomendaciones para hacer realidad el derecho a la alimentación desde la perspectiva del género y para acabar con la discriminación de las mujeres, especialmente en la agricultura. Esta desconexión entre el desarrollo de políticas macroeconómicas y los derechos humanos de las mujeres sigue siendo una amenaza para la total realización del derecho a la alimentación de las personas.

Por ejemplo, en Níger el 97 por ciento de las mujeres en la economía rural trabaja en la agricultura pero no tienen el acceso y el poder eco nómicos. Están concentradas en una agricultura de subsistencia (principalmente en la producciónde mijo) y se ven en su mayoría excluidas de la producción de cultivos comerciales para la exportación (como el de cebollas o de caupi) debido a las restricciones basadas en el género para poder acceder al crédito, las tecnologías, los servicios de extensión, el transporte y los mercados.17

Por ejemplo, aproximadamente una tercera parte de los hogares rurales en el África Subsahariana están dirigidos por mujeres. Como el hogar normal dirigido por una mujer tiene menos tierras y capital que el dirigido por un hombre, el aumento de hogares dirigidos por mujeres está correlacionado más generalmente con el aumento de la inseguridad alimentaria y la desnutrición.20

Como uno de los sectores más oprimidos y empobrecidos de la sociedad, las mujeres indígenas se enfrentan a retos concretos. Como custodios del conocimiento tradicional, las mujeres indígenas mantienen una relación crítica con los recursos naturales, la tierra, el agua y la seguridad alimentaria. Y, sin embargo, se enfrentan a desventajas concretas como grupo que está excluido de los supuestos de los modelos de creci miento económico dominantes y de las políticas que llevan a cabo.21
 
Las mujeres y la agricultura global

Un cambio producido a lo largo del tiempo hacia la privatización, la liberalización y un comercio abierto ha contribuido a una sobreproducción de ciertas materias primas, a unos precios de las mismas volátiles y a menudo por los suelos, y a un marcado aumento de la concentración de mercados en los factores de producción agríco la (semillas, fertilizantes, equipo agrícola, etc.), y en el procesamiento, distribución y venta de alimentos. Las propiedades en muchas partes del mundo se han concentrado cada vez más. En el Norte global, la tendencia es tanto hacia granjas más pequeñas (normalmente granjas por afi ción que poseen personas cuya renta proviene de actividades no agrícolas) como hacia granjas mucho más grandes, donde se concentra virtualmente toda la producción alimentaria. Las granjas cuyos propietarios son una familia que se encarga de la explotación son, tomando prestada la expresión, el «estrato que está desapareciendo» (en inglés «disappearing middle»). La mayoría de los alimentos en el Norte global se cultivan en granjas cada vez más grandes. En muchas partes del Sur global, los agricultores pobres y de subsistencia están perdiendo sus tierras o las están abandonando para conseguir sueldos en las ciudades, con las negativas consecuencias que ello conlleva para la seguridad alimentaria local, el desarrollo rural, el medioambiente y las formas de sustento de las personas.

La liberalización, como medio para abrir nuevos mercados, ha traído graves consecuencias para los agricultores, especialmente en los países en desarrollo. Las enmiendas (o, más normalmente, la abolición) de tales políticas como las juntas de materias primas, las restricciones cuantitativas a las importaciones, los impuestos a la exportación, la estabilización de los precios, los incentivos a la producción o los controles de capital, todas ellas han cambiado las condiciones de mercado para los agricultores en todas partes.25

El bloqueo de las reducciones de las tarifas ha disminuido la disponibilidad de fondos para la inversión agrícola y la provisión de servicios re racionados con la agricultura. Aunque están abiertas al abuso, las tarifas les ofrecen a los gobiernos un modo de proteger su industria agrícola contra los violentos vaivenes de los precios o los aumentos súbitos en las importaciones. La retirada de las tarifas despoja a los países de sus defensas y aumenta su vulnerabilidad ante los cambios en los precios globales. La disminución de las tarifas también reduce la cantidad de importantes ingresos que pueden usarse para la provisión de servicios básicos.26 La liberalización para apoyar el aumento del comercio ha permitido a las corporaciones fi jar precios y normas para la producción económica que entorpece, si no paraliza, las iniciativas de los agricultores tales como el apoyo doméstico, las cooperativas y las iniciativas comerciales de carácter estatal de acuerdo con la legislación. Los políticos esperaban que el aumento de la competencia abriera paso a nuevas oportunidades para los agricultores, pero la realidad ha resultado ser mucho más complicada, especialmente para los agricultores pobres y de subsistencia.

Los agricultores en el Sur global están en desventaja en el sistema alimentario por una variedad de factores. En primer lugar, no tienen capitales, lo cual reduce la cantidad de hectáreas que pueden poseer y su habilidad para almacenar alimentos. Debido al gasto del almacenamiento de la producción cosechada y de su transporte a mercados distantes, los agricultores se ven abocados a vender sus cosechas solo en los mercados locales, a unos precios más bajos que el coste de producción.27

Los agricultores y las comunidades de campesinos tienen dificultades cada vez mayores para poseer, intercambiar y criar nuevas variedades de semillas debido al desbocado sistema de patentes, la falta de revelación del origen del conocimiento tradicional, la biopiratería de variedades de plantas tradicionales y las severas normas sobre la puridad de las semillas. Por ejemplo, Monsanto posee más del 90 por ciento de todas las cosechas modifi cadas genéticamente en el mundo.

La liberalización ha abierto el camino a un sistema alimentario mundial cada vez más consolidado, dejando a los agricultores la labor de negociar en gran desventaja con corporaciones cada vez más grandes, ya sea para obtener factores de producción agrícola o para vender sus cosechas.28 El Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) clasifica en cuatro grupos el sistema agroalimentario globalizado que está surgiendo: empresas que proporcionan factores de producción agrícola; procesadores y comercializadores de alimentos; minoristas de alimentación; y granjas.28 Su importancia en el desequilibrio de las ganancias en el mercado es considerable.

• Las empresas que proporcionan factores de producción agrícola como Syngenta, Bayer, BASF, Monsanto y Dupont, representan 37 000 millones de dólares en el sistema alimentario mundial.

• Los procesadores y comercializadores de alimentos, incluyendo grandes compañías como Nestlé, Cargill, Unilever, ADM y Kraft Foods, representan 363 000 millones de dólares del mercado alimentario.

• Los minorista de alimentación, incluyendo Wal-Mart, Carrefour, Royal Ahold, Metro AG y Tesco, facturan 777 000 millones de dólares.

• 450 millones de granjas producen cosechas con valor añadido agrícola valoradas en 1,315 billones de dólares del mercado global. Solo el cinco por ciento de estas granjas tienen una superfi cie de 100 hectáreas o más. El ochenta y cinco por ciento de las granjas son pequeños solares de tierra con no más de dos hectáreas30 para el cultivo. Las reglas actuales discriminan a estos pequeños propietarios, dejándolos con mucho menos que su parte correspondiente de los benefi cios generados por la agricultura.

Las treinta cadenas de supermercados más grandes representan una tercera parte de las ventas alimentarias globales.31 Estas cadenas globales de suministro de alimentos han creado nuevas presiones para conseguir exportaciones que requieren mucha mano de obra en lugares de bajo coste y el resultado es un dramático aumento del número de productores que compiten por vender a los minoristas y las marcas principales. Esto ejerce una presión negativa sobre los productores y trabajadores para satisfacer las tendencias globales de los consumidores fi jadas por los mismos minoristas. Véase el gráfico siguiente:

Las mujeres se enfrentan a restricciones específicas como resultado de la liberalización y la concentración de mercados en la alimentación y la agricultura. Las mujeres continúan teniendo más dificultades que los hombres a la hora de conseguir buenas tierras, créditos, formación y acceso a los mercados.34

No tienen acceso al equipo necesario para la producción de alimentos a gran escala y tienen dificultades para conseguir préstamos.35 Como las políticas de liberalización han desmantelado los programas de gestión de suministros y los apoyos a los agricultores, los costes de producción de los pequeños agricultores son cada vez más grandes comparados con las ganancias netas. Por ejemplo, los productores de plátanos a pequeña escala en Jamaica no pueden competir con las grandes empresas agrícolas que ahora suministran a los supermercados.

Las mujeres productoras no pueden continuar trabajando como pequeños agricultores y muchas han buscado trabajo en otros sectores como el hotelero o el turístico. Las que se han quedado en el sector agrícola no lo hacen conservando sus pequeñas tierras o cultivando sus propias cosechas, sino que cada vez más encuentran trabajo en el empaquetamiento y el procesamiento.36

En cuanto a nuevos empleos en el sistema agro alimentario, muchas mujeres encuentran trabajo remunerado en el sector de las exportaciones agrícolas no tradicionales (NTAE) y en las fábricas de procesamiento para la exportación como recolectoras, separadoras, clasifi cadoras y empaquetadoras. Son las personas subcontratadas en el diagrama de OXFAM del sistema alimentario anterior. Las frutas frescas y procesadas, las hortalizas, las fl ores y los frutos secos representan un mercado global creciente que atiende a la demanda del Norte de productos con valor añadido. Las mujeres representan la mayoría de los trabajadores de las fl ores y frutas especializadas en Colombia, Ecuador, Kenia y Zimbabwe entre otros. Las exportaciones africanas van sobre todo a Europa y las exportaciones de Latinoamérica suministran en gran parte el mercado estadounidense.37

Según la UNCTAD, las exportaciones de NTAE de los países menos desarrollados crecieron a un ritmo anual del 32 por ciento entre 1995 y 1999.38 Las mujeres pobres de las zonas rurales en los países en desarrollo están encontrando trabajo pero a menudo es precario y mal pagado. En Sudáfrica, las mujeres represen tan el 69 por ciento de todos los empleados temporales y contratados según la época del año, y el 26 por ciento de todos los empleados de larga duración.

En Chile, representan el 52 por ciento de todos los empleados temporales y contratados según la época del año, y solamente el cinco por ciento de los empleados de larga duración.39 Las mujeres también se enfrentan a la discriminación por razones de sexo, incluyen do la violencia en los campos y en las fábricas, mientras que tienen que seguir soportando la carga del cuidado de sus familias.

La eliminación de servicios públicos como la asistencia sanitaria y la educación aumenta la carga de trabajo de las mujeres, ya que son las personas que tradicionalmente proporcionan estos servicios. Muchas mujeres campesinas y agricultores tienen que arreglárselas con beneficios menguantes de la venta de su producción, con el aumento de la presión para expandir la producción para la exportación a expensas del cultivo de alimentos para su consumo doméstico, y con la pérdida de servicios básicos que sustentaban el bienestar del hogar, especialmente los servicios de educación y sanidad.

Para algunas esta situación ha llegado a ser desesperada. Por ejemplo, en China el suicidio es más normal entre las mujeres que los hombres, y, como el 70 por ciento de los 1 200 millones de los habitantes de China viven en zonas rurales, el 90 por ciento de los suicidios ocurren en dichas zonas. Desde 1999, el 50 por ciento de todos los suicidios de mujeres en el mundo tuvieron lugar en China. Los investigadores han determinado que los desarrollos económicos de las dos últimas décadas, incluyendo la privatización y los cortes a los programas de extensión de la sanidad rural, han contribuido a esta situación.40

Un comercio «no tan libre» – Aunque hay algunos benefi cios patentes en los mercados abiertos como el acceso a los alimentos cuando fallan las cosechas y, a menudo, el aumento de las opciones para el consumidor, hay también problemas importantes que tienen que ver con la liberalización del comercio. El enfoque uniformado de la liberalización agrícola no refleja la realidad de las variaciones dramáticas existentes entre países, individuos y el medioambiente con relación a la política, la sociedad y la economía. Aunque se suponía que las reformas para la liberalización del comercio asegurarían el crecimiento y el desarrollo, muchos países no han conseguido estos resultados. Incluso el Banco Mundial, que continúa apoyando la agenda de la liberalización, ha reconocido que las ganancias generadas por la liberalización agrícola en los países en desarrollo han sido marginales.41Según la UNCTAD, la pobreza ha aumentado en los países menos desarrollados que tienen políticas tanto para mercado abierto como para mercado cerrado. Además, la pobreza ha aumentado más en los países que han liberalizado.42

Hay diferentes factores que explican por qué la liberalización del comercio no lleva necesariamente a la reducción de la pobreza, aunque puede hacerlo. Una razón es que la crisis global de materias primas ha tenido como consecuencia que los países dependientes de las mismas reciban menos ingresos por sus exportaciones, ya que los precios han bajado drásticamente a lo largo del tiempo. El Informe de la FAO sobre Materias

Primas del 2004 afirma que los precios agregados de las materias primas bajaron un 53 por ciento entre 1997 y 2003. «Desde 1980, el valor de la mayoría de las materias primas tropicales más importantes ha caído por encima del 50 por ciento, mientras que el valor del azúcar, el algodón y el caucho ha caído alrededor de un 80 por ciento».43 El debilitamiento de las regulaciones sobre materias primas ha contribuido a empeorar la volatilidad de los precios de merca do más allá de lo que se puede explicar teniendo en cuenta las fórmulas de la oferta y la demanda.44

El declive de los precios de las materias primas ha permitido a países como EE.UU. exportar materias primas, incluyendo maíz, semillas de soja, arroz y algodón, a unos precios inferiores al coste de producción.45 Esto ha causado que muchos países en desarrollo importen cosechas de alimentos básicos que antes eran capaces de producir por sí mismos. Los programas de ayuda alimentaria apoyados por la OMC también han permitido a algunos países vender sus excedentes de materias primas en los mercados abiertos de los países receptores para generar fondos. En vez de servir como respuesta de emergencia, la ayuda alimentaria representa actualmente un mercado encubierto para países como los Estados Unidos para poder descargar su sobreproducción de cereales. Esto está socavando la capacidad de los agricultores de alimentarse y amenaza la seguridad alimentaria. El Instituto de Políticas Agrícolas y Comerciales se ha referido a esta práctica como «dumping global». 46

Las mujeres son las productoras principales de las cosechas de alimentos básicos en el mundo, proporcionando hasta el 90 por ciento del consumo alimenticio de los pobres en el mundo rural.47 Los precios de las materias primas y los cor tes en las tarifas tienen un impacto en las formas de sustento de las mujeres de diversos modos.

Por ejemplo, en México y por toda América Central las mujeres han sido históricamente los custodios y conservadores de las semillas de maíz, no solo para el conocimiento de la comunidad sino también para la provisión de alimentos.48 El dumping del maíz de EE.UU. en México, a consecuencia de la eliminación de las tarifas bajo NAFTA, ha socavado el papel del maíz como cosecha y como icono cultural, afectando a las mujeres debido a su relación especial con dicha cosecha. El dumping ha hecho aumentar la pobreza, el desempleo (así como el empleo precario), la migración y la inseguridad alimentaria de las mujeres y sus familias por todo México.49 El declive de los precios del anacardo en Mozambique ha contribuido al aumento del desempleo rural, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de las prácticas de trueque (especialmente por mujeres), la disminución de los mercados internos para la distribución de anacardo y el aumento de hogares dirigidos por mujeres, ya que los hombres abandonan las zonas rurales para buscar trabajo en las ciudades.50

El Acuerdo de la OMC sobre la Agricultura (AoA) ignora estos temas. En agosto de 2006, la FAO escribía que la «Ronda de Doha sobre las negociaciones del comercio internacional se interrumpieron debido a la disputa para obtener ventajas en los mercados agrícolas por parte de grandes y poderosos países, corporaciones y lobbies [...] y por una falta evidente de equidad en su visión, su proceso y sus resultados previstos [...] Los países menos desarrollados no han visto casi ninguna ganancia derivada de los acuerdos pasados de la FAO sobre el comercio agrícola».51 Los países en desarrollo han experimentado el impacto devastador de la inestabilidad de los precios mundiales de las exportaciones de materias primas, combinado con las preferencias por tarifas cada vez más bajas y las provisiones para un tratamiento especial y diferenciado como parte del Acuerdo de la OMC sobre la Agricultura.52 Los supuestos compromisos por una seguridad alimentaria y el desarrollo rural a través de un tratamiento especial y diferenciado no han avanzado.

Los países en desarrollo, los movimientos sociales y muchas ONG han pedido la inclusión de un lenguaje específi co sobre Productos Especiales (PE) y la creación de un Mecanismo Es pecial de Salvaguardia (MES), que permitirían a los países en desarrollo eximir algunas cosechas de alimentos y proteger la agricultura doméstica con tarifas más altas. Todavía no hay un acuerdo de los países sobre cómo defi nir los PE y el MES.

La controversia sobre esta cuestión es una de las razones que explican la paralización de las negociaciones de Doha en julio de 2006.

Aunque los PE y el MES propuestos son her ra mientas necesariamente limitadas que no atienden la necesidad de un modelo completamente diferente para el desarrollo de políticas comerciales en el área de la agricultura, estas herramientas harían posible de todas formas que los países pudiesen proteger sus programas nacionales de agricultura y frenar el dumping. También ofrecen el ámbito para que los gobiernos diseñen e implementen objetivos para el desarrollo agrícola sostenible que tengan en cuenta el género. Por ejemplo, los indicadores que tengan en cuenta el género para aplicar los PE y el MES podrían incluir medidas para valorar y proteger las mujeres más vulnerables considerando su nivel de renta y su nivel de acceso a los recursos producti vos y económicos. Tales indicadores podrían también tener en cuenta la relación entre los productos agrícolas con respecto a la seguridad alimentaria y el desarrollo cultural y social, los contextos regionales y nacionales, y los datos desglosados por sexo sobre las tendencias rurales en el empleo y el bienestar.53

Estas medidas de protección, junto con las reformas legislativas para proteger el acceso deas mujeres a la tierra y al crédito, y un esfuerzo por asegurar que las organizaciones de mujeres sean capaces de contribuir al desarrollo de políticas agrícolas, podrían ayudar mucho al fortalecimiento de las medidas para la soberanía alimentaria desde una perspectiva del género.

A día de hoy, las negociaciones globales sobre agricultura permanecen estancadas en parte porque los países no pueden ponerse de acuerdo sobre las medidas de protección que se deberían incluir en las reglas.

Los EE.UU. y otros miembros no están dispuestos a permitir a los países en desarrollo los medios necesarios para limitar el acceso al mercado para los productos agrícolas.

Hay otra dimensión de las políticas de inversión y de comercio que afectan a las mujeres: las barreras a la movilidad de la mano de obra.

Aunque el capital es cada vez más móvil dentro del sistema de comercio multilateral, no lo es así la mano de obra. Esto ha sido objeto de disputa entre los gobiernos de los países del sur, ávidos de las remesas que envían sus trabajadores desde el extranjero, y los gobiernos de los países del norte, que tienen que hacer frente a una fuerte resistencia política al aumento de la inmigración. La economista feminista Mariama Williams escribe:

«Hoy en día quedan todavía barreras importantes que impiden el movimiento de la mano de obra en los países del norte. Estas incluyen la excesiva regulación de la inmigración y de la movilidad de la mano de obra; las regulaciones discriminatorias en las autorizaciones; las normas técnicas y los procedimientos de cualifi cación en el empleo transfronterizo; las cuotas o las pruebas de necesidad económica; y el no reconocimiento de las cualifi caciones profesionales».54

Donde existen medidas que cubren la movilidad,55 se centran en las medidas de protección para la mano de obra cualifi cada. Sin embargo, los productores agrícolas suelen ser considerados como «no cualificados», dejando a los que han perdido su trabajo en el sector rural con menos oportunidades para recurrir a la migración legal en busca de trabajo. Al mismo tiempo que la migración de los trabajadores no cualifi cados era raramente legal o fácil, ha habido un incremento notable en la migración de mujeres y hombres globalmente (en 2005, las Naciones Unidas la calculaba en más de 175 millones y en aumento).56

La migración es de las zonas rurales a las urbanas dentro de los países, interregional y desde el Sur global al Norte. Los que emigran se enfrentan a situaciones extremadamente difíciles, sin la protección básica incluso de sus derechos humanos. Para las mujeres, esto signifi ca encontrar trabajo inseguro e inestable en granjas de otros países, conseguir empleo en fábricas de zonas de procesamiento de exportaciones o trabajar en la economía sumergida, incluyendo trabajo doméstico o la prostitución.

La migración es un tema complicado y merece más atención especialmente al relacionarse con la pobreza, los derechos humanos y la seguridad.

Como tal, está fuera del ámbito de esta ponencia. Por otra parte, uno no puede evitar darse cuenta de que muchos gobiernos permiten las reglas comerciales que apoyan los sistemas alimentarios liberalizados y, sin embargo, al mismo tiempo establecen regulaciones que limitan las oportunidades de los agricultores y campesinos de en contrar una vida mejor en otro lugar cuando fraca san sus propias economías agrícolas.